Cuando sepa yo de ti, callare y sonríe, jamás preguntare qué tal. Si te fue mal, ya se ocuparán de que me llegue. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de tu historia contra la orilla de mi nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Intentarán apagar tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. Que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad.
Nada de todo esto debería alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarnos mal. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
Me conformo con que algún día sepas de mi, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios.
Por eso, cuando sepas de mí, disimula, como lo yo lo haré.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
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